miércoles, 31 de julio de 2013

“Expresiones” del 8 al 31 agosto


Las diferentes formas expresivas, de los miembros que formamos este grupo, con esta exposición
queremos transmitir nuestra voluntad de unir el aspecto plástico de un tipo de pintura contemporánea
con la danza y la música.
Nuestro deseo es vivir y combinar disciplinas, que nos lleven a la meditación de que esta unión es un paso para apoyar esas tendencias que se enfrentan a esos poderes que nos empujan con su fuerza  a los caducos tiempos.
Estamos con deseos de mezclar y hacer convivir varias disciplinas, del arte, y huyendo del purismo. No apto para esta necesaria época del reciclaje y de la interrelación universal, es por lo que sin caer en la abstracción, nos ha llevado a crear ese vínculo relacional e incluso generacional. Estamos huyendo de la pureza de lo sublime, para llegarnos a esa belleza de lo cotidiano, Porque sale de nuestro interior y se refleja plásticamente
Cartel basado en Hamilton
http://www.ivoox.com/programa-numero-cuarenta-uno-esta-moda-audios-mp3_rf_2227519_1.html

sábado, 27 de abril de 2013

LAS GAFAS VIOLETAS


El síndrome de
las gafas violetas.

Hay un momento en la vida de toda feminista en el que se prueba por primera vez sus gafas violetas, gafas que nos proporcionan un estallido de luz cegante cada vez que observamos una escena machista. El síndrome comienza en los primeros meses y evoluciona rápidamente a la par que leemos cosas que nos abren más los ojos.
Esos primeros meses son impactantes porque descubres violencia en tu idílica relación de pareja, ves que tu padre (portento de igualdad para las vecinas) lo único que hace es una ínfima parte porque el peso de toda la casa lo lleva tu madre (sí, esa señora que en tu adolescencia había sido una bruja, se convierte en tu icono de mujer en lucha), las relaciones jerárquicas de género en tu grupo de amigxs, u observas como el espacio comunicativo de tu clase lo dominan los hombres, y te descubres dando más crédito a opiniones masculinas que a las de tus compañeras.
Son unos meses de despertar, de descubrir que el mundo en el que habías recibido talleres de igualdad en el cole y la profa te había dicho que ser niña o niño daba igual para tu futuro, es un mundo estafa.
A la vez entiendes como los dolores del pasado tienen sentido, como se completan las historias entendiendo esa violencia que se hace invisible si no posees unas gafas violetas.
Ves también tus propios machismos, tu machista manera de ver el mundo: has llamado a mujeres puta y zorra, te haces la tonta en conversaciones con chicos y te sientes de lujo cuando te dicen que eres “uno más” ¿En serio?
Sí, las herramientas que tiene el patriarcado, y que usa durante todo tu periodo de socialización, han conseguido colocarte en el piso inferior y de una forma tan camuflada que te piensas en igualdad. já!
Supongo que es un periodo de descubrimiento, de despertar, del que sacamos fuerzas para luchar el resto de nuestra vida, porque ante semejante patraña no podemos rendirnos. Por eso nos entra la risa cada vez que nos dicen que nuestra lucha es absurda y obsoleta. Lo único que pasa es que no todo el mundo tiene la suerte de tener unas gafas violetas.

jueves, 14 de marzo de 2013

La sociedad actual, en apariencia cada vez más libre, oculta el deseo de los "viejos".

La irreverente vida sexual de una intelectual

La sociedad actual, en apariencia cada vez más libre, oculta el deseo de los "viejos". La autora, una ensayista de 72 años, profesora de la UBA y de la Universidad de Lanús, cuenta cómo el goce, a veces, llega con la edad. Una nueva entrega del coleccionable que sale junto con Ñ cada semana.
A partir de los cincuenta años mi vida sexual comenzó a ponerse interesante. Antes, lo obvio para una chica de mediados del siglo pasado.
Calenturas insoportables hasta el día del casamiento, sexualidad matrimonial domesticada hasta el día del divorcio. Después, los tiempos del sexo compulsivo y culposo. Es duro conocer varios cuerpos cuando por tradición, familia y religión te convencieron de que lo correcto es uno solo y para toda la vida. Hay que lidiar con eso.
Me inicié en la práctica sexual a los 21 años, no sin haberme provisto de las dos libretas que me habilitaban legal y religiosamente a acostarme con un hombre. Aunque mi espíritu no era tan virgen como mi cuerpo. Pues a pesar de aceptar sin chistar todas las ñoñerías que les imponían a las señoritas de entonces, me había atiborrado con textos místicos, ocultamente pornográficos e indiscutiblemente sádicos. Con ellos alimentaba mi sexualidad reprimida y satisfacía mi masoquismo elemental. Evoco la Biblia, que leí dos veces desde el enigmático Verbo del principio hasta el catastrófico apocalipsis del final, pasando por masturbaciones, violaciones e incestos.
Fue mi segunda lectura erótica, la primera había sido el catecismo que me preguntaba si había hecho “cosas malas”; la indefinición del término lo tornaba transparente despertando oleadas de mórbida atracción. Inquiría asimismo si había gozado con alguien que me hubiera forzado. También con quién había hecho esas cosas, ¿con hombres, con mujeres, con animales? Me revelaba posibilidades inimaginables.
La moralina familiar de humildes inmigrantes españoles y el adoctrinamiento de las monjas me habían convencido de que sólo siendo adulta y casada podría acceder a esas cosas, aunque mis rudimentarios saberes las concebían mucho más ingenuas. En aquellos tiempos no se conocía tele ni internet, las niñitas de antes sólo tenían fe.
Nunca se me habría ocurrido que si me obligaban a algo “malo” podría gozarlo, tampoco que era posible hacerlo con mujeres y menos aún con animales. Esto me arrojó a un pansexualismo delirante.
Todo lo referente al deseo me producía culpa...

http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/no-ficcion/irreverente-vida-sexual-intelectual-Esther-Diaz_0_880712147.html

jueves, 28 de febrero de 2013

La Escuela Municipal de Arte Gráfico


La Escuela Municipal de Arte Gráfico del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife   La veterana escuela, dirigida por Alfonso Mertens, es un referente internacional en la generación de creaciones artísticas en múltiples técnicas de grabado.

viernes, 8 de febrero de 2013

Sabor de vendimia - Gioconda Belli


Recuerdo el terror de las primeras arrugas.
Pensar: Ahora sí. Ya me llegó la hora.
Las líneas de la risa marcadas sobre mi cara
aun en medio de la más absoluta seriedad.
Yo, frente al espejo,
intentando disolverlas con mis manos,
alisándome las mejillas, una y otra vez,
sin resultado.
Luego fue la mirada furtiva de mi reflejo en los escaparates
preguntarme si la luz del día las haría más evidentes,
si el que me observaba desde la otra acera
estaría censurando mi incapacidad de mantenerme joven,
incólume ante el paso del tiempo.
Viví esas primeras marcas de la edad
con la vergüenza de quien ha fallado.
Como una estudiante que reprueba el examen
y debe caminar por la calle
con las malas notas expuestas ante todos.
Las mujeres nos sentimos culpables de envejecer,
como si pasada la juventud de la belleza,
apenas nos quedara que ofrecer,
y debiéramos hacer mutis;
salir y dejar espacio a las jóvenes,
a los rostros y cuerpos inocentes
que aun no han cometido el pecado
de vivir más allá de los treinta o los cuarenta.
No sé cuando dispuse rebelarme.
No aceptar que sólo se me concedieran como válidos
los diez o veinte años con piel de manzana;
sentirme orgullosa de las señales de mi madurez